Con solo 17 años a Daniel le diagnosticaron transtorno de personalidad múltiple, por suerte; Nicolas y Sebastián, sus otras dos personalidades, estaban de lo más sanas.
Sebastían, el más cuerdo, quería ser un serio abogado, pero era demasiado consciente de sus otros amigos, así que nunca quiso arriesgarse. Ese era su problema, nunca se arriesgaba a nada, eso a menos que Nicolás lo incentivara, juntos eran el complemento ideal, la pareja perfecta, el dúo dinámico, los padres del rock.
Lo complicado de todo era compartir cuerpo con Daniel; un tanto resongón, un tanto triste. Le ponía triste nunca estar solo, le ponía triste que lo dejaran solo porque no estaba solo.
Una tarde, en la tarde, bien tarde, se juntaron a comer. Daniel solo tomaba coca-cola, Nicolas, atacó con alevocía y dolo, una sandía y Sebastián hizo una mezcla de repollo con ajo.
Esa misma tarde, pero un poco más tarde, explotaron y se volvieron un tríptico -¡y de tres dimensiones!-.