Uno de los más jóvenes hizo notar que tenía el mismo derecho a opinar que los más viejos, llamados sabios, y los sabios con su sabiduría, dejaron que opinase.
"La evidencia científica es irrefutable" dijo con énfasis, para él y para quienes opinaron igual, eso ya no estaba en discusión, el mono era la evolución del hombre.
Los sabios rascaron su cabeza, de la misma forma en que los hombres se tocan su barbilla cuando a ojos nuestros están pensando. La diferencia es que los monos cuando rascan su cabeza, piensan; piensan muchas ideas, muchos pensamientos. Mientras que los hombres parecieran estar pensando, es más un acto reflejo para encajar en la sus protosociedades.
Pasados los minutos, las horas, los días, unas idas al baño y otras horas, los sabios y los opinantes tenían una versión oficial y consensuada; "El mono viene del hombre" dijo el sabio más sabio, mientras chimpancés y orangutanes aplaudían, "pero ciertamente el mono es una evolución no solo biológica, sino espiritual, basta con que nos giremos de este circulo y miremos hacia lo que le sigue a las rejas; cientos de humanos comportándose como verdaderos animales."
Pese al consenso, los opinantes miraron a los humanos y pensaron en la carga genética que compartían con estos y cuantas cosas podrían investigar. Y los sabios, ni siquiera miraron, era algo que querían dejar atrás.
Al otro lado de este día cualquiera, los hombres son protagonistas de una historia. En ella se narra como cientos de hombres pagan millones por ir a ver a como unos animales juegan. Ese día cualquiera, fue mejor para los monos en la literatura.
Excelente!
ResponderSuprimirhace mucho tiempo que no pasaba por estos espacios!
un agrado volver a leerte!
Pi.